martes, 6 de julio de 2010

Cultura y Transculturalidad en Terapia de Pareja.

Prof.Eduardo Brik

La idea de incorporar conceptos de cultura y Transculturalidad actualizados a los
nuevos tiempos, más que un capricho, es una necesidad ineludible para todo terapeuta
de pareja, con el objeto de poder abordar adecuadamente los complejos cambios
sucedidos en el ámbito de la pareja en los últimos 20 años.

La cultura, según Pierre Bordeu es la articulación de ideas y prácticas sociales que
permiten adaptarnos al medio haciendo posible la regulación de las conductas humanas.
La cultura es un conjunto de conductas adaptativas y formas de ver el mundo
compartidas, al ser miembros simultáneos de diversos contextos (nación, religión,
región, lengua, tradiciones, pertenecer a una cultura profesional urbana o rural, ser
miembro de una generación y otros).
Tanto las parejas como las familias actuales pertenecen o son miembros de diversos
contextos culturales al mismo tiempo, lo que significa no solamente estar adscrito a un
grupo o a un contexto físico, sino también tener un contexto cultural de actitudes que los
diferencian a unos de los otros en los ámbitos de la sexualidad, la alimentación, los
rituales, la concepción del género, la importancia que damos a nacimientos y muertes, la
idea que tenemos del consumo o la importancia que damos a los vínculos y la
perduración de ellos, entre otras cosas.

La necesidad de incorporar nuevas realidades culturales de las personas y de los
terapeutas también se debe tanto a la necesidad de adaptación a lo nuevo, como a la
nueva funcionalidad que ello permite para poder vivir mejor.

Las sociedades multiculturales en las cuales vivimos hoy en occidente plantean
interrogantes culturales y transculturales a los terapeutas sistémicos de pareja que les
exige conocer e intervenir desde una perspectiva ecosistémica y transcultural que
relacione e interactúe más allá de individuo, pareja y familia, sino también con el
entorno y la importancia que pueda tener la cultura para cada uno de ellos en sus
construcciones y en su vida cotidiana.

El fenómeno de la culturalidad y transculturalidad adquiere más notoriedad cuando
trabajamos con parejas transculturales o mixtas propiamente dichas, y parejas
inmigrantes.

La Transculturalidad o Interculturalidad para la práctica terapéutica se traduce en:

· Promover la tolerancia ante las diferencias.

· Ofrecer modelos reales de diálogo e intercambio intercultural.

· No imponer ningún tipo de cultura etnocéntrica.

· Asumir que cada cultura es única, tiene enlaces con las otras y es necesario
reconocer sus similitudes como sus diferencias.

· Admitir que las identidades culturales no son estáticas, se van modificando, y a
veces pueden ser contradictorias.

· Ayudar a que las parejas y familias puedan tener conciencia de que alguna de
sus construcciones culturales les producen situaciones dolorosas, no son
funcionales y, por lo tanto, no responden a una realidad adaptativa de
supervivencia. Como por ejemplo, admitir la diferencia de género o el maltrato,
no aceptar el divorcio, pensar que la pareja tiene que ser para toda la vida, o
pensar en un solo tipo de pareja o familia, etc.

La pareja Transcultural o mixta es aquella en la que existen diferencias culturales
significativas entre sus miembros (nación, religión, etnia, lengua, clase, generación,
política, etc.) y que precisamente por estas diferencias van a estar afectadas su
organización, su relación y su vida cotidiana.

Estas diferencias tendrán mayor peso cuando las identificaciones o pertenencias
culturales para uno o ambos miembros sean más relevantes.

Las parejas mixtas o transculturales son un desafío a las ideas conservadoras de la
endogamia nacional, étnica, religiosa y lingüística. Muchos esfuerzos tienen que hacer
para moverse en un mundo donde existe una erosión de los vínculos tradicionales y una
pérdida de influencia de las familias de origen y de la comunidad. Como en todas las
parejas actuales, pero mucho más, estas parejas constituyen la instancia central para
cada individuo.

El problema de la identidad en la pareja transcultural se ha convertido en un problema
básico: las preguntas quiénes somos, qué hacemos, hacia dónde vamos, si somos o
seremos reconocidos socialmente; forman parte de su quehacer cotidiano.

Estas parejas también se ajustan al resto de las parejas actuales en las cuales, sus
relaciones amorosas están separadas de la idea de matrimonio, la pareja no implica
necesariamente tener hijos, ni un solo modelo de convivencia, ni un solo lugar de
residencia, ni un trabajo en el mismo sitio de residencia.

La religión no juega un papel fundamental en sus valores y los roles domésticos son
intercambiables. Existe gran dosis de individualismo y competitividad profesional. La
mujer en estas parejas está incorporada a la vida laboral y quiere derechos igualitarios
en su relación con el hombre.

En las parejas transculturales donde uno de ellos es un inmigrante reciente, se deberá
contemplar los fenómenos inherentes a la migración: duelo cultural, disociación entre
culturas, adaptación a una identidad bicultural y necesidad de integración a la sociedad
de acogida, no sólo a la pareja. Todo esto influido por los factores económicos, sociales
o políticos que condicionan la migración en el país de acogida.

Las parejas transculturales no tienen un pasado en común y basan el diálogo en
experiencias culturales diferentes que no coinciden.

Los motivos de consulta más frecuentes en parejas transculturales o mixtas donde uno
es inmigrante y el otro no, o ambos son inmigrantes de diferentes culturas en un tercer
país; están vinculados a:

1. La formación de la pareja, donde la diferencia es un polo muy fuerte de
atracción, pero existe un gran miedo y temor a la aceptación social de la familia
de origen, los amigos o la comunidad a la que se pertenece. Otro problema de
consulta está relacionado con la falta de comprensión y conocimiento del local
frente a los problemas específicos de la migración que está atravesando su
pareja; duelo migratorio, estrés de aculturación, otros.

2. Problemas vinculados al género. Tienen que ver con el cambio de roles y
posibilidad laboral; por ejemplo: hombre trabajando en casa y mujer trabajando
fuera. También relacionados con la igualdad de la mujer en la pareja o con la no
aceptación por parte de un miembro de la pareja que tiene un trabajo regular, a
aceptar que su pareja tenga un trabajo como músico en el metro o vendedor de
bisutería por ejemplo. También problemas de tolerar que la pareja inmigrante no
tenga trabajo y el otro tenga que sustentarla.

3. Problemas vinculados a la legalidad. Parejas donde el status legar del
inmigrante no es regular o es un residente sin permiso de trabajo; en el primer
caso tiene que estar todo el tiempo en casa por temor a la depresión, en cuyo
caso quiere casarse para obtener la ciudadanía.

4. Problemas vinculados a la reagrupación del hijo del / la inmigrante. No
aceptación por la pareja local de la reagrupación por los conflictos que ella
encierra.

5. Excesiva dependencia emocional en parejas transculturales en que el otro
miembro tiene rasgos narcisistas y maltratantes. El porcentaje de consulta
por estos temas es bastante alto, especialmente en mujeres dependientes
emocionales que vienen de carencias o traumas de violencia doméstica o
familiar muy significativos.

6. Problemas vinculados a la dependencia emocional y cultural del otro con
mimetización en la cultura del otro, abandonando las pertenencias
culturales de origen casi totalmente.

7. Discusiones frecuentes donde se comienzan a tocar los mitos intocables de la
cultura del otro, lo que puede conducir a la disolución de la pareja.
Las parejas inmigrantes son parejas que se encuentran en una situación
transcultural dado que viven en un país diferente al suyo. Sus problemáticas van a
ser también diferentes a las parejas que viven en la sociedad de acogida y los
problemas o conflictos que van a presentar como motivo de consulta son diversos y
dependen de varios factores a tener en cuenta:

· Si la pareja estaba conformada antes, durante o después de la migración.

· Si la decisión de emigrar y el proyecto migratorio fue algo compartido y no
una decisión impuesta, brusca e impulsiva.

· Si la pareja piensa en la migración como algo temporal o a largo plazo o
definitivo.
· Si la pareja ha estado separada por largos periodos de tiempo con un proceso
posterior de reagrupación familiar.

· Si existe afinidad cultural sea religiosa, lingüística o étnica con el país de
acogida.

· Si existe una red comunitaria del país de origen.

· Si transcurre un tiempo considerable hasta conseguir una estabilidad laboral.
· Si existen diferencias entre ambos de cómo atraviesan el estrés de
aculturación o el duelo migratorio.
· Si uno o ambos tienen capacidad de adaptación al país de acogida.
· Si son inmigrantes o refugiados.
· Si tienen hijos o no y cómo es su adaptación escolar.

· Si son inmigrantes de primera generación o descendientes de inmigrantes (de
segunda generación).

· Si han tenido tratamientos en Salud Mental en sus países de origen.

Gran parte de los problemas o sintomatología como motivo de consulta en parejas o
familias inmigrantes van a estar vinculados a los temas anteriormente señalados.

La evaluación clínica cultural en parejas mixtas o transculturales y en parejas
inmigrantes deberá tener en cuenta los siguientes aspectos:

· Identificación, significación y pertenencia de cada miembro con su cultura de
origen.

· Valoración de la existencia de un nosotros geográfico común

· valoración de los factores de vulnerabilidad: escaso apoyo familiar y de redes
social y comunitaria, conflictividad no resuelta con la familia de origen, poca o
nula adaptación a los cambios tanto del rol de género como de la concepción de
género en la sociedad actual, situación de paro o ilegalidad y prejuicios de y
hacia la sociedad de acogida a determinados colectivos de inmigrantes.

· Valoración de los factores de protección. Respeto y tolerancia de las prácticas
culturales o estilos de vida del otro, evitar hacer juicios sobre la cultura del otro,
receptividad para interiorizar pautas culturales del otro (gastronomía, música,
expresiones, algunos conocimientos del idioma, etc.). También conocimiento del
país y familia del otro, y acuerdos dialogados sobre roles, reglas de convivencia
y educación de los hijos. Pueden hablar naturalmente de las diferencias sin
mayor conflicto.

· Exploración del ciclo individual y de la pareja desde una perspectiva
sociocultural.

· Diferenciación de problemas específicos de la relación de la pareja de problemas
vinculados a las diferencias culturales.

· Visualización de estereotipos negativos y positivos acerca de la pareja en la
propia cultura y en la del otro.

· Detección de problemas de comunicación intercultural como interpretación
cultural desde un solo punto de vista.

· Exploración de problemáticas culturales conflictivas (bautizar a un niño, decidir
quedarse o volver, uno quiere integrarse y el otro no, rechazo a pautas culturales
del otro, etc.)

Los enfoques sistémico constructivistas y transculturales son modelos psicoterapéuticos
que permiten tener una visión ecosistémica e integral de los fenómenos vinculados a la
migración y de los inmigrantes que viven una situación transcultural.

LA PAREJA: UN ESPACIO DE CREACIÓN RESUMEN

Roberto Longhi

"¡Cómo degradamos el amor cuando el deseo de eternidad se hace
tiempo, anillo y promesa!

¿Puede acaso prometerse el fuego?. Si lo infinito cabe en un sólo
instante, ¡qué sacrilegio tratar de hacerlo cotidiano! Si la pasión está
reñida con los límites ¿por qué ese empeño por encajarla en
modelos de pasamanería moral?.

Somos seres de eternidad y de tiempo. La sabiduría consiste en no
confundir los impulsos.

Chantal Maillard. (Pasamanería: objetos y complementos de
decoración confeccionados a base de cordones, borlas o galones).

"El amor no vence a la muerte: es una apuesta contra el tiempo y sus
accidentes"
Octavio Paz.

"... naturalmente somos reacios a concebir el amar como si fuera una
pulsión parcial de la sexualidad entre otras."
Sigmund Freud. Pulsiones y destinos de pulsión 1915

Voy a ver si logro transmitirles una forma que he aprendido, creído,
de entender a ese vínculo tan particular que entablamos los
humanos, seres hechos de tiempo y de eternidad que llamamos
"pareja", y en donde circula, se busca, se aprende otro gran asunto
humano, el Amor.

Voy adelantando que entiendo este encuentro, la pareja, como un
proceso, como un camino de aprendizaje en el que participan 3
dominios de lo humano: la sexualidad, el erotismo y el dominio más
restringido del amor. Participan así los dominios de la naturaleza, de
lo psíquico y de lo trascendente, lo sobrenatural, "el cerco de lo
hermético", en palabras del filósofo Eugenio Trías.

Toda pareja constituye un inconsciente común alimentado por las
proyecciones de sus dos triángulos edípicos y sus objetos internos
proyectados en el vínculo y en el otro, formando una zona, una red
interfantasmática.

Hasta aquí vemos la cantidad de obstáculos que esta descripción
implica, y el tipo de tarea con la que se topa una pareja para poder
limpiar esa primera impronta especular narcisista para lograr
vincularse con la realidad del otro diferente de ese sí mismo, para
crear una vinculación que instaure una zona de producción de
novedades, no de repeticiones, en la sujetividad de cada uno de los
miembros.

El camino a recorrer en el área de desnarcisización del vínculo va
destinado a crear un espacio vacío, sagrado donde aparezca el
amor. No como una ilusión narcisística, no como una realización de
deseos pulsionales sino como la realización de otra demanda del
humano que implica al ser, que no es pulsional, que no desea la
gratificación de una fuente sino que en lugar de desear, anhela ser
más con el otro.

Ese aprendizaje, camino de ilusión-desilusión, como el camino a
Ítaca de Kavafis, iría desde la Naturaleza, sexualidad, el fuego
primordial, según Octavio Paz, que levantaría la llama roja del
erotismo para ir más allá alcanzando y sosteniendo una llama azul y
trémula: la del amor. La llama, nos dice el poeta, es la parte más sutil
del fuego, que se eleva y levanta a lo alto en figura piramidal.

"No estoy loca por ti, estoy viva por ti" decía la poeta Gloria Fuertes
en un poema que siempre me conmovió pero que, luego, en el
camino de estar siendo, lo sentí como incompleto; la poeta había
evitado la locura pasional, fusional del amor pero había caído en una
dependencia vital poderosa del objeto de amor, por lo que me
parece, en la línea que estoy planteando, que a este poema la
faltarían dos versos: "no estoy loca por ti, no estoy viva por ti, estoy
siendo contigo y sintiendo una vivacidad pura ".

El camino a Ítaca de una pareja en esta dimensión tiene como base fundamental
la lucha contra la ilusión de Narciso y la satisfacción de
otras búsquedas humanas que tal vez también tengan el carácter de
pulsión, la búsqueda del regreso a Thalassa, al Gran Todo, con los
otros, con el otro," los diminutos todos innumerables".

El psicoanálisis nos transmite en su evolución teórica un mundo de
relaciones con el otro producto de proyecciones fantasmáticas que lo
distorsionan, lo ocultan, pero también el logro de pasar de esas
relaciones de objeto fantasmatizadas a un vínculo con un sujeto otro
que visto en su alteridad pueda producir novedades, nuevas marcas
en nuestra sujetividad. Tal vez más allá de la relación de objeto y de
la vinculación podamos definir la aparición de la participación.

En la pareja el vínculo debería llegar a lo participativo, participar es
estar juntos, unidos en las diferencias, no en las semejanzas, para
dar lugar a los anhelos del ser, que quiere ser más con los demás,
participando de manera solidaria con el otro, con los otros.
Pero ahora comprendo más la idea de Fromm; el amor no es un
punto de partida, es un punto de llegada. Comienza cuando termina
el enamoramiento y se da a través de un acto participativo-solidario
con el otro. Esa participación también evoluciona desde la relación
de objeto, en el sentido más clásico psicoanalítico, pasando por el
vínculo, participar, encontrarnos, también es un punto de llegada, no
de partida.

Podemos estar juntos, hoy puede ser el ejemplo, pero podemos
lograr, o no, encontrarnos, participar, eso dependerá del grado de
alzamiento que hagamos de nuestros propios egos, de la disposición
que tengamos a abandonar las idealizaciones y demandas
narcisistas y, como sucede en los grupos, al desyoificarnos, poder
crear un espacio vacío, potencial de toda creatividad y conectarnos
con un inconsciente transpersonal que nos trae otro tipo de
conocimiento, como en la red en la que participan todos los
miembros de la comunidad en la película Avatar.

La tarea de la participación en la pareja es el intento de atravesar las
etapas que van del fuego a la llama azul y construir entonces un
amor que tienda a ser transpersonal, que nos recuerde, como dice
Octavio Paz, nuestro parentesco con el Universo:" la mujer y la
montaña, el árbol y el hombre son sus semejantes"; el amor aquí
construido debe ser una reconciliación con la Naturaleza y
transformarse en un Valor.

El objetivo creador de la participación en pareja, sería despejar
Narciso, para poder crear ese espacio vacío, potencial, de todas las
posibilidades y que superarían, en parte, las contradicciones de los
6 ejes antes mencionados.

Si los sueños, los lapsus, los síntomas, pueden ser vías regias al
inconsciente, según Freud, la pareja, podría ser una participación, un
espacio sagrado que nos dé una oportunidad regia para descontruir
nuestro narcisismo y lograr una vía a lo espiritual, a través de la
participación en ese amor, atravesando el espejo del enamoramiento
como Alicia en el País de las Maravillas.

Entonces, ¿cuándo seguimos o cuándo lo dejamos con una pareja?,
¿cuando la llama roja del juego sexual se extingue? ¿después de
varios años en que ese cuerpo se acostumbró, aburrió a la mirada,
no satisface a la fuente pulsional o que ya sentido como poseído o
envejecido no satisface a la fuente narcisística, por lo que muchos
deciden separarse, para negar el paso del tiempo, eligiendo otro
objeto más joven o porque ese objeto ya no da seguridad y se busca
otro objeto protector,o lo dejamos cuando no logramos superar en
parte ninguna de las contradicciones y nuestro ser queda bloqueado
en su anhelo, no logra extrañarse, no puede seguir siendo?; porque
no logramos, como Alicia, ajuntados en este caso, en nuestras
diferencias, atravesar el espejo.

Tal vez esta dimensión de la pareja, la espiritual, que está muy poco
presente en estos tiempos que corren en donde estamos enfermos
de falta de trascendencia - diría Kafka- pueda darnos un acceso a
ese amor que es posible construir, jugar con la pareja, que creo, es
un reto mucho mejor para curar los síntomas que las parejas hoy
"el intercambio de parejas" tan de moda hoy en nuestras sociedades
"desarrolladas" y nos haga vislumbrar desde este cerco de lo aparente
que es nuestra relación,ese otro cerco hermético,
manifiestan, que la salida swinger"el intercambio de parejas" tan de
moda hoy en nuestras sociedades "desarrolladas" y nos haga
vislumbrar desde este cerco de lo aparente que es nuestra relación,
ese otro cerco hermético, misterioso que siempre nos habita y que
está tan encriptado en nosotros y que también produce síntomas
como en un retorno de lo reprimido.

Ese logro trabajoso de un vínculo solidario, participativo a lograr o no
con nuestra pareja si bien no nos regresa a las aguas de origen, nos
reconcilia un poco con el exilio del paraíso. Una comunión que nos
una, en una zona de silencio, emparejarse es como construir un
poema, que es productor de silencios; decía Beckett que él escribía
para llegar al silencio, la pareja, entonces, podría ser definida como
un organismo vincular productor de silencios.

Roberto Longhi Tartaglia





A PROPOSITO DE ADIVINA QUIEN VIENE A CENAR ESTA NOCHE

Maribel Moreno

¿Quién no ha visto esta película alguna vez? Una hija de una familia acomodada blanca y liberal, regresa de su viaje a Hawai comprometida con un hombre negro, y se presenta en casa de sus padres con su prometido. El padre, un orgulloso defensor de los derechos civiles interpretado por Spencer Tracy (editor de un periódico) se queda de una pieza: su creencia en la no discriminación de razas se tropieza con prejuicios que pensaba nunca tendría cuando la situación real se cuela en su casa.

La peli, viene a decir que somos todos, un poco como Spencer Tracy: pensamos en términos no racistas, pero actuamos como tales cuando la realidad se nos viene impuesta.

Ni que decir tienen los aspectos de género: pensamos en términos de igualdad, pero actuamos de forma androcéntrica y los tópicos se disparan cuando hablamos de la ruptura de los convencionalismos.

Afortunadamente, hoy hablar de género no es hablar de las mujeres, así pues, para hacer más intenso este cambio utilizaré los géneros, o mejor dicho, los sexos.

Los cambios de esta modernidad tardía, siempre refiriéndome al mundo occidental, por supuesto, nos dibujan un reequilibrio entre varones y mujeres fundamentalmente en la posibilidad de autodeterminación de sus propios proyectos vitales.
Así, al inicio, fuimos las mujeres la avanzadilla, nosotras hemos plantado rupturas con puntos y apartes.

El deseo de construir nuestras propias identidades, nos ha obligado a abrir grandes debates sobre el significado de ser mujer. El yo de las mujeres se convierte en proyecto reflejo, es decir, se construye a partir de las vivencias y de las reflexiones permanentes sobre cómo las mujeres estamos viviendo todos estos cambios.

Los conflictos internos relativos a roles y valores dejan de ser inmutables, lo que también provoca conflictos en la construcción de esa identidad, pues implica un proceso de construcción del yo (individual y colectivo) en contraposición con “el otro /los otros”.

Por otro lado, el paso del modelo de pareja, en la familia nuclear tradicional, donde el proyecto individual masculino se construía a costa de la inexistencia del proyecto femenino se resquebraja. Ulrich Beck nos habla del significado de este cambio. Hoy la pareja se construye bajo dos proyectos individuales que tienen que cohabitar, y que obligan a planificar de forma individual y totalmente móvil nuestra propia biografía elegida.

La biografía se desliga de los modelos y de las seguridades tradicionales, nos dice Beck, y es adjudicada de manera abierta a la acción y decisión de cada individuo.

Pero si bien, aumento de los márgenes de decisión individual nos da como resultado, una reducción de la asimetría de poder, la pareja se despoja de su carácter institucional por una “relación pura”, el amor romántico deja paso al amor “confluente” y la sexualidad reproductiva da paso a una sexualidad “plástica” (Giddens 1998).

Hoy el concepto de amor dista mucho de significar compromiso o abnegación. Más bien se lo traduce como sinónimo de placer y confort. Ya no encontramos pareja uniformes, y la mezcla entre los roles tradicionales y la construcción de las nuevas identidades individuales suponen esta nueva existencia.

“La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, nos dice Zygmunt Bauman .Sus sujetos, que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres”.
“Hemos pasado, continua Bauman, a tener que diseñar nuestra vida como proyecto y performance. Más allá de ello, del proyecto, todo sólo es un espejismo.

La envoltura psíquica de la pareja, es decir, ese self que se crea en el momento en que la pareja echa a andar, ya no es una envoltura de protección y de seguridades. Exige a las parejas vivir fragmentada y flexible.
Resulta ya habitual la compartimentación de intereses y afectos, y la preparación psicológica para estar siempre bien dispuesto a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades.

Es el caso de Eduardo, que llegó a mi consulta con su pareja. El brasileiro de 28 años y ella argentina de 36. Ambos con sus proyectos de un futuro mejor en Europa, ambos con sus choques culturales, económicos, sociales y emocionales a flor de piel.

Vienen porque Eduardo no consigue, desde un tiempo a esta parte, sentir deseo sexual por su pareja, lo que les ha enredado en un conflicto de inseguridades. En mi exploración me encuentro la bofetada de postmodernismo, Ella quiere tener hijos ya, está en edad, y él no quiere tener hijos todavía.

Eduardo es padre de un niño con una española que vive en Asturias.

Eduardo, con su melodioso acento se relata, cuenta su conflicto, se siente sólo ante sus propias decisiones: practicar sexo supone un riesgo de embarazo, y ¿él donde queda?, una parte en Brasil (su familia de origen), otra en Asturias (su primer hijo), otra…tal vez en argentina ( un posible segundo hijo con esta nueva mujer),… otra….

El no es sociólogo, pero sabe que la familia nuclear se ha transformado en una “relación pura” donde cada “socio” puede abandonar al otro a la primera dificultad. Nada es sólido y todo es líquido…

En nuestra cocina y entre nuestros fogones de psicoterapia, mezclando la realidad que se nos muestra abiertamente, con el recetario de los grandes gurús de la sociología, vamos trajinando nuestro quehacer diario.

Al igual que cambian las dietas alimenticias, cambian los focos de atención en la consulta. Más que las patologías individuales por separado, La consulta se llena de cuadros relacionados con la restricción emocional, con la vivencia del par éxito/fracaso, autosuficiencia/dependencia. Comienzan a ser tópicos los casos por sobrevaloración del cuerpo como máquina hipersexual, la parasexualidad conyugal compensatoria, la apatía sexual como resultado de la fragmentación interesada del vínculo….Quién no se “almuerza” diariamente con parejas que relatan su día a día con el desplazamiento ansioso de la intimidad al consumo, con los trastornos de identidad por inversión de roles maritales, o los trastornos de la función parental, por poner tan sólo algunos ejemplos.

Y nuestras jornadas están inmersas en esta centralidad de la identidad y como los padres protagonistas de MIRA QUIEN VIENE A CENAR, caemos a menudo en nuestras propias trampas identitarias.

Nuestro acento está en hacer responsable de sí mismo a nuestro cliente, en una constante reflexibilidad del yo.
En la necesidad de que cada uno se apropie de su pasado para proyectarse en el futuro, apuntando nuevas lecturas que enmarquen su historia.

En la reflexión sobre la tensión entre oportunidades y riesgos, dentro de una ética del desarrollo del yo.

La vivencia del propio cuerpo, como un esfuerzo reflexivamente organizado. Son tantas las posibilidades que el vértigo es atroz.
Siguiendo a nuestro último premio Asturias de comunicación y humanidades, Alain Touraine, la articulación entre experiencia individual y subjetividad individual solo es posible cuando el individuo se transforma en actor o sujeto.

Autorreferencial e intertextualidad