Maribel Moreno
La peli, viene a decir que somos todos, un poco como Spencer Tracy: pensamos en términos no racistas, pero actuamos como tales cuando la realidad se nos viene impuesta.
Ni que decir tienen los aspectos de género: pensamos en términos de igualdad, pero actuamos de forma androcéntrica y los tópicos se disparan cuando hablamos de la ruptura de los convencionalismos.
Afortunadamente, hoy hablar de género no es hablar de las mujeres, así pues, para hacer más intenso este cambio utilizaré los géneros, o mejor dicho, los sexos.
Los cambios de esta modernidad tardía, siempre refiriéndome al mundo occidental, por supuesto, nos dibujan un reequilibrio entre varones y mujeres fundamentalmente en la posibilidad de autodeterminación de sus propios proyectos vitales.
Así, al inicio, fuimos las mujeres la avanzadilla, nosotras hemos plantado rupturas con puntos y apartes.
El deseo de construir nuestras propias identidades, nos ha obligado a abrir grandes debates sobre el significado de ser mujer. El yo de las mujeres se convierte en proyecto reflejo, es decir, se construye a partir de las vivencias y de las reflexiones permanentes sobre cómo las mujeres estamos viviendo todos estos cambios.
Los conflictos internos relativos a roles y valores dejan de ser inmutables, lo que también provoca conflictos en la construcción de esa identidad, pues implica un proceso de construcción del yo (individual y colectivo) en contraposición con “el otro /los otros”.
Por otro lado, el paso del modelo de pareja, en la familia nuclear tradicional, donde el proyecto individual masculino se construía a costa de la inexistencia del proyecto femenino se resquebraja. Ulrich Beck nos habla del significado de este cambio. Hoy la pareja se construye bajo dos proyectos individuales que tienen que cohabitar, y que obligan a planificar de forma individual y totalmente móvil nuestra propia biografía elegida.
La biografía se desliga de los modelos y de las seguridades tradicionales, nos dice Beck, y es adjudicada de manera abierta a la acción y decisión de cada individuo.
Pero si bien, aumento de los márgenes de decisión individual nos da como resultado, una reducción de la asimetría de poder, la pareja se despoja de su carácter institucional por una “relación pura”, el amor romántico deja paso al amor “confluente” y la sexualidad reproductiva da paso a una sexualidad “plástica” (Giddens 1998).
Hoy el concepto de amor dista mucho de significar compromiso o abnegación. Más bien se lo traduce como sinónimo de placer y confort. Ya no encontramos pareja uniformes, y la mezcla entre los roles tradicionales y la construcción de las nuevas identidades individuales suponen esta nueva existencia.
“La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, nos dice Zygmunt Bauman .Sus sujetos, que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres”.
“Hemos pasado, continua Bauman, a tener que diseñar nuestra vida como proyecto y performance. Más allá de ello, del proyecto, todo sólo es un espejismo.
La envoltura psíquica de la pareja, es decir, ese self que se crea en el momento en que la pareja echa a andar, ya no es una envoltura de protección y de seguridades. Exige a las parejas vivir fragmentada y flexible.
Resulta ya habitual la compartimentación de intereses y afectos, y la preparación psicológica para estar siempre bien dispuesto a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades.
Es el caso de Eduardo, que llegó a mi consulta con su pareja. El brasileiro de 28 años y ella argentina de 36. Ambos con sus proyectos de un futuro mejor en Europa, ambos con sus choques culturales, económicos, sociales y emocionales a flor de piel.
Vienen porque Eduardo no consigue, desde un tiempo a esta parte, sentir deseo sexual por su pareja, lo que les ha enredado en un conflicto de inseguridades. En mi exploración me encuentro la bofetada de postmodernismo, Ella quiere tener hijos ya, está en edad, y él no quiere tener hijos todavía.
Eduardo es padre de un niño con una española que vive en Asturias.
Eduardo, con su melodioso acento se relata, cuenta su conflicto, se siente sólo ante sus propias decisiones: practicar sexo supone un riesgo de embarazo, y ¿él donde queda?, una parte en Brasil (su familia de origen), otra en Asturias (su primer hijo), otra…tal vez en argentina ( un posible segundo hijo con esta nueva mujer),… otra….
El no es sociólogo, pero sabe que la familia nuclear se ha transformado en una “relación pura” donde cada “socio” puede abandonar al otro a la primera dificultad. Nada es sólido y todo es líquido…
En nuestra cocina y entre nuestros fogones de psicoterapia, mezclando la realidad que se nos muestra abiertamente, con el recetario de los grandes gurús de la sociología, vamos trajinando nuestro quehacer diario.
Al igual que cambian las dietas alimenticias, cambian los focos de atención en la consulta. Más que las patologías individuales por separado, La consulta se llena de cuadros relacionados con la restricción emocional, con la vivencia del par éxito/fracaso, autosuficiencia/dependencia. Comienzan a ser tópicos los casos por sobrevaloración del cuerpo como máquina hipersexual, la parasexualidad conyugal compensatoria, la apatía sexual como resultado de la fragmentación interesada del vínculo….Quién no se “almuerza” diariamente con parejas que relatan su día a día con el desplazamiento ansioso de la intimidad al consumo, con los trastornos de identidad por inversión de roles maritales, o los trastornos de la función parental, por poner tan sólo algunos ejemplos.
Y nuestras jornadas están inmersas en esta centralidad de la identidad y como los padres protagonistas de MIRA QUIEN VIENE A CENAR, caemos a menudo en nuestras propias trampas identitarias.
Nuestro acento está en hacer responsable de sí mismo a nuestro cliente, en una constante reflexibilidad del yo.
En la necesidad de que cada uno se apropie de su pasado para proyectarse en el futuro, apuntando nuevas lecturas que enmarquen su historia.
En la reflexión sobre la tensión entre oportunidades y riesgos, dentro de una ética del desarrollo del yo.
La vivencia del propio cuerpo, como un esfuerzo reflexivamente organizado. Son tantas las posibilidades que el vértigo es atroz.
Siguiendo a nuestro último premio Asturias de comunicación y humanidades, Alain Touraine, la articulación entre experiencia individual y subjetividad individual solo es posible cuando el individuo se transforma en actor o sujeto.
Autorreferencial e intertextualidad
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